El siglo XVIII marcó un punto de inflexión en la historia de la isla de La Española. Tras el profundo declive del siglo XVII, este periodo vivió una lenta recuperación económica, un aumento poblacional y un reordenamiento político que definió las relaciones entre colonias y potencias europeas. Este fue el siglo donde la división entre la parte española (Santo Domingo) y la parte francesa (Saint–Domingue) se consolidó definitivamente, determinando el futuro de toda la región caribeña.
La recuperación económica: ganadería, agricultura y comercio
Aunque el oro ya no jugaba ningún papel, la economía dominicana se estabilizó gracias a tres pilares:
Ganadería
Continuó siendo el centro productivo, con exportaciones de cueros que abastecían al mercado internacional. Los “hateros” mantenían el control social del campo, y el estilo de vida rural siguió predominando.
Agricultura
El cultivo del tabaco, el cacao y, en menor medida, el café, resurgió como alternativa comercial. El tabaco del Cibao se convirtió en un producto valioso para los mercados europeos, especialmente los franceses.
Comercio
El comercio con los franceses del oeste —aunque muchas veces ilegal— impulsó la circulación de dinero y mercancías en la parte española. España relajó algunas restricciones, permitiendo cierto dinamismo económico.
Saint–Domingue: La colonia más rica del mundo
Mientras Santo Domingo mostraba una recuperación lenta, Saint–Domingue, la colonia francesa situada en el oeste de la isla, vivió un crecimiento extraordinario. Gracias a su sistema de plantaciones de azúcar, café y algodón, basada en mano de obra esclava africana, se convirtió en:
• El principal productor de azúcar del mundo
• Uno de los territorios más rentables del imperio francés
• El lugar con mayor concentración de población esclava del Caribe
Este contraste económico profundizó la diferencia entre ambas colonias y aumentó la presencia francesa.
Las reformas borbónicas y su impacto
Con la llegada de los Borbones al trono español, se introdujeron reformas orientadas a revitalizar las colonias:
• Apertura parcial del comercio intercolonial
• Reorganización militar y construcción de fortificaciones
• Mayor presencia de autoridades españolas
• Incentivo a la agricultura comercial
Estas medidas permitieron que Santo Domingo experimentara su mayor crecimiento poblacional desde el siglo XVI.
La frontera y el Tratado de Aranjuez (1777)
El crecimiento francés en el oeste hizo urgente la definición de fronteras. Tras décadas de tensiones, España y Francia firmaron el Tratado de Aranjuez (1777), que estableció, por primera vez, una frontera oficial entre ambas colonias.
Este acuerdo:
• Reconocía la presencia francesa en Saint–Domingue
• Delimitaba la frontera desde Dajabón hasta Pedernales
• Permitía un control más eficaz del comercio
• Estabilizaba las relaciones entre las dos potencias
La isla quedó oficialmente dividida, consolidando la realidad política que daría forma al futuro de Haití y la República Dominicana.
Referencias
- Deive, C. (2014). La Española en los siglos XVII y XVIII. Ediciones Caribe.
- Moya Pons, F. (2010). Historia de la República Dominicana. Ediciones Corripio.
- Smith, R. (2020). Colonial border dynamics in Hispaniola. Caribbean Historical Review, 18(3), 90–112.
Reflexión final
El siglo XVIII demuestra que la historia de la isla es una combinación de contrastes y desigualdades. Mientras la parte española avanzaba lentamente hacia una estabilidad económica, Saint–Domingue se convertía en una potencia agrícola basada en la esclavitud. Esta dualidad explica muchas de las tensiones que surgirían en los siglos siguientes, especialmente con las revoluciones haitianas y los conflictos por la soberanía.
La firma del Tratado de Aranjuez fue un paso clave para mantener la coexistencia entre ambos territorios, estableciendo límites que aún hoy influyen en la geopolítica caribeña.
Comprender este periodo permite ver cómo las decisiones imperiales, la dinámica comercial y los cambios económicos transformaron profundamente la identidad y el desarrollo social de cada lado de la isla. El siglo XVIII no fue solo un puente entre crisis y revolución, sino la base sobre la cual se construirían los grandes conflictos y las independencias del siglo XIX.
Comentarios
Publicar un comentario